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© 14/4/2017 Revive Israel Ministries

Las Raíces Judías Parte III

En las partes 1 y 2 definimos esta raíz de la que habla Pablo en Romanos 11. Probablemente habrá notado que esta definición es una combinación de tres de las cuatro definiciones dadas en la historia de la iglesia (ver el final de la parte 1). Pero, ¿por qué no es el propio Jesús la raíz? Por supuesto, Yeshua es la fuente y el fundamento de todo, aquél por quien y para quien todo fue creado (Col 1:16). Pero éste no es el tema de fondo de Romanos 11 y el versículo 18 deja claro que la enseñanza aquí es acerca de la correcta relación de pueblos diferentes en el Cuerpo del Mesías, no de la identidad o la divinidad de Yeshua.

Aplicación para hoy

¡Honra tus raíces! ¡Honra a quienes te han precedido y te han traído el Evangelio!

En muchos lugares la Biblia nos enseña a honrar a aquellos que nos precedieron en la fe, aquellos que se mantuvieron firmes en la verdad y sufrieron por su testimonio. Hebreos 11, empezando por Abel el justo, habla de una “nube de testigos”, una larga lista de “santos” del Antiguo Pacto cuyo recuerdo debemos honrar y de cuyos testimonios debemos aprender. Los Diez Mandamientos nos recuerdan la importancia de honrar a nuestra madre y a nuestro padre. Pero en Romanos 11, el apóstol es más específico: los gentiles, los cristianos romanos debían honrar a los judíos que había entre ellos como representantes de la iglesia de Jerusalén, los primeros apóstoles a través de los cuales habían recibido la fe cristiana y la  historia bíblica de Israel.

Pero si Pablo estuviera vivo hoy, ¿escribiría lo mismo? Después de  un largo paréntesis de  unos 1600 años, vuelve a haber un “remanente” judío reconocible en el Cuerpo de Cristo. Según la metáfora del olivo en Romanos 11, hay ahora (y cada vez más) ramas judías que han sido “reinjertadas” por gracia en nuestro propio olivo (11:23). Lo que es más, muchos de nosotros vivimos en una renovada nación independiente llamada  “Israel” en la tierra prometida a nuestros patriarcas bíblicos, representando así el cumplimiento de muchas profecías bíblicas. Pero, ¿compartimos la misma cercanía a la raíz como aquellas “ramas” judías del siglo I? ¿La advertencia del apóstol suena igual hoy en día? Sí y no …

Primero el “sí”. Concluyendo la enseñanza de Romanos 11, el apóstol declaraba a los descendientes físicos de los patriarcas (Abraham, Isaac, Jacob, etc): porque los dones y el llamado de Dios son irrevocables (v.29). Nosotros, las raíces judías, seguimos siendo aquellos descendientes; así que, cualquiera que sea el don y el llamado irrevocable, cualquiera que sea el “arraigo” representado por la identidad de los creyentes judíos del primer siglo, es todavía algo que los judíos mesiánicos pueden reclamar hoy. En nuestros cuerpos, en la tierra y en la plenitud de la fe mesiánica, representamos la continuidad y la proximidad a la línea completa de promesas y pactos bíblicos.

Pero también hay un “no” aquí, una situación que es muy diferente, incluso inversa a la del primer siglo. Entonces, Pablo advertía a los gentiles diciendo: “no olviden su deuda con los judíos y con la iglesia de  Jerusalén; ¡ustedes  recibieron a Cristo de ellos!” Pero durante las últimas generaciones del avivamiento judío mesiánico, la gran mayoría de los creyentes judíos fueron amados, recibieron testimonio, fueron discipulados y enseñados por cristianos gentiles y sus iglesias. Podríamos decir que hace 2000 años Israel dio a luz a la iglesia pero hoy, la iglesia ha dado a luz a un Israel renovado.

Yo creo que si el apóstol escribiera hoy, quizá nos advertiría a los judíos mesiánicos contra cierta forma de arrogancia hacia la iglesia que dice: “nosotros somos las ramas nativas, las que están más cerca de la raíz; aunque yo vine a la fe en un entorno cristiano, ahora que conozco más, puedo encontrar mi identidad como judío mesiánico sin referencia a la iglesia”. Digo esto porque ha aparecido una tendencia real entre algunos  judíos mesiánicos a aislarse y evitar identificarse de ninguna manera con el “cristianismo” o la “iglesia”; algunos hablan, incluso, de una  ”doble eclesiología”, como si hubiera dos olivos o dos partes completamente distintas del Cuerpo de Cristo, una judía y otra gentil. A causa de los sentimientos antijudíos y las doctrinas de la iglesia histórica, esta tendencia se puede comprender o incluso compartir. Pero debemos resistirnos a cualquier esfuerzo destinado a legitimizar o institucionalizar esta actitud. Nuestro Mesías, Rey y Salvador es judío; los apóstoles judíos dieron a luz a la iglesia primitiva, lo cual es todo un olivo orgánico que continúa creciendo y extendiendo sus ramas entre las naciones. Al igual que creemos firmemente en la existencia de las comunidades judías mesiánicas, también creemos que la advertencia del apóstol nos habla a nosotros, suplicando que permanezcamos conectados y que honremos a  aquellos gentiles y sus iglesias a través de las cuales recibimos la fe cristiana/mesiánica en nuestro momento.

Así pues, como judíos y creyentes juntos en el Mesías, debemos tomar esta advertencia contra el orgullo muy seriamente. Romanos 11:11-15 deja bien claro que nuestra restauración al olivo, similar a una resurrección de entre los muertos (v. 15) ha de ser una gran bendición de las riquezas del Evangelio y reconciliación para todas las naciones.


¿Quién es Israel?

Ariel contesta la pregunta que se ha ido discutiendo desde el tiempo de los primeros creyentes, “¿Quién es Israel?”

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